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dc.contributor.authorGoméz Vargas, Héctor, 1959-
dc.date.accessioned2012-04-27T19:10:24Z
dc.date.available2012-04-27T19:10:24Z
dc.date.issued2012-04-27
dc.identifier.issn978-607-95067-6-6
dc.identifier.urihttps://repositorio.leon.uia.mx/xmlui/123456789/20197
dc.descriptionEn la década de los setenta del siglo XX, las ciencias sociales conservaban algunas seguridades para poder dar cuenta de los cambios en las sociedades en el mundo. La década de los ochenta disparó una crisis: el reconocimiento de que sus dispositivos cognitivos eran rebasados por lo que acontecía en todas partes. Era un cambio de época que para algunos inauguró un nuevo proceso civilizatorio que se reflejaba por el tránsito de la modernidad a la posmodernidad, de la internacionalización a la globalización, de la renovación de la economía capitalista a la introducción masiva y generalizada de las tecnologías de información y comunicación. No es gratuito que desde ese momento la incertidumbre y la ambigüedad fuera algunas de las tendencias que caracterizarían a las ciencias sociales, pues lo que emanó de la modernidad como los principios epistemológicos de lo social se vieron transformados de una manera radicalmente distinta (Latour; 2007; De Sousa Santos, 2006), así como los principios sociales de un orden moral que fundamentaba los imaginarios sociales para la continuidad y permanencia de un tipo de sociedad moderna (Taylor, 2006; Wallerstein, 2007). Pero con el correr de los años, la incertidumbre que proviene a partir de los nuevos entornos generales rebasan los ámbitos académicos y científicos y se cuelan en la vida social porque, entre otras cosas, la misma concepción de lo real, de la realidad, se altera, y con ello emerge la duda sobre cualquier pretensión de acceder y dar cuenta de la “verdad”. El escritor español José Antonio Marina (2004: 23) habla de que hay “una cierta perplejidad en el ambiente, un generalizado no saber a qué atenerse”, porque pese a la gran cantidad de información con la que ahora se puede disponer, esto puede generar más problemas que claridad, “porque resulta muy difícil reconocer lo que es relevante”. Dice Marina: Nos rodea una constante algarabía de voces, datos, opiniones que se enredan y anulan. Etimológicamente, perplejo quiere decir “embrollado”, “enredado”. En efecto, el mundo está hecho un lío. Desde esa perspectiva del mundo actual, un procedimiento para abrir un programa de investigación y de generación de conocimiento, ha de partir de aquellos ámbitos que son parte activa de la incertidumbre y de los factores de perplejidad, y asumir una mirada para entrar en esos ámbitos. Para el caso de los contextos desde los cuales nos encontramos y desde los que realizamos procesos de reflexividad, de objetivación de nuestra mirada de indagación, es decir, la ciudad de León, Guanajuato, en México, el mundo y la realidad de los jóvenes es un ámbito en sí mismo de incertidumbres, y, también, un factor que manifiesta distintos órdenes y niveles de ambigüedad y perplejidad. Una breve revisión a la prensa de la ciudad durante el 2008 y el primer semestre del 2009, nos da una idea de la inquietud y preocupación de distintas instancias sociales de carácter institucional sobre los jóvenes y las realidades juveniles .1 Se calcula que en 1998 había 10 mil matrimonios por año • y 373 divorcios, mientras que para el 2007 hubo un poco más de 8 mil enlaces matrimoniales y 1, 300 divorcios. La edad promedio de matrimonio es de 25 años en los hombres y 23 en las mujeres, mientras que a los 35 años en los hombres y 33 en las mujeres, tienden a divorciarse. La mitad de los divorcios tiende a darse a los 10 años de matrimonio, y una cuarta parte entre el primero y el quinto año. Distintas instituciones y profesionales arguyen que las principales causas del divorcio son: juegos emocionales y disputas del poder, el adulterio, la violencia intrafamiliar, los medios de comunicación, principalmente la televisión y las telenovelas que transmiten idead “liberales”. Se calcula que 380 mil adolescentes y jóvenes padecen de • depresión en el estado de Guanajuato, es decir, 30% de la población joven. Además de los cambios de la infancia a la adolescencia, se considera que las principales causas de la depresión se deben al desempleo, el fracaso profesional, la ruptura sentimental. En 2006 hubo 64 suicidios en la ciudad de León, en el • 2007 fueron 107 y en el 2008 fueron 89. El 30% de los suicidios son de jóvenes entre 12 y 17 años de edad, y más de 50% de los casos se edad entre los 12 y los 25 años de edad. La Dirección de Promoción Juvenil del municipio calcula que 80% de los jóvenes varones en la ciudad tiene pensamientos suicidas. Se considera que la mayoría de los actos suicidas son motivo de la depresión, problemas familiares y sentimentales y la ansiedad por los altos índices de violencia. En 2007 se calculaban 15 mil muertes por accidentes, de • los cuales 70% estaban relacionados con ingerir alcohol en exceso. Tránsito Municipal registró en ese año más de mil accidentes automovilísticos relacionados con el abuso de alcohol, de los cuales 50% eran de jóvenes entre 18 y 25 años de edad. Hasta mediados de 2008, la Dirección de Fiscalización y Control del municipio había multado a 125 establecimientos por vender alcohol a menores de 18 años y clausurado a otros 35 por reincidir. De acuerdo con estadísticas de la Secretaría de Salud del • estado de Guanajuato, en el 2006 hubo 12, 389 casos de menores de edad embarazadas, en el año 2007 fueron 13, 714 y en 2008 fueron 15, 736. en 2008, 25.11% de los casos obstétricos (parto, aborto espontáneo y cesáreas), fueron de mujeres menores de edad. En 2007 se calculan 4, 819 menores de edad que dieron a luz un hijo en distintos hospitales públicos de la ciudad. De acuerdo con estadísticas de la Policía Municipal, en • 2007 se detuvieron a 30, 738 menores de edad, y hasta julio del 2008 iban 24, 765. Las principales causas de orden administrativo para la detención fueron por ingerir alcohol, droga, riñas y escándalos, alterar el orden con ruidos e impedir el uso de las avenidas públicas. De acuerdo con un diagnóstico de la Secretaría de Segu• ridad Pública de la ciudad de León, en 2007 había 1,007 pandillas. En 2008 se contabilizaron 1, 250, por lo cual se calcula que surgen ocho pandillas cada mes, dos cada semana. Igualmente se calcula que cada pandilla está compuesta por aproximadamente 30 miembros, por lo que se cree que hay 37, 500 pandilleros en la ciudad; 50 de esas pandillas se calculan como altamente violentas. Si retomamos nuevamente al escritor español José Antonio Marina (2004: 64), quien señala que el tema de los sentimientos, principalmente los que se mueven alrededor del sexo, el amor y la familia, han tenido enormes y radicales cambios que “plantean graves conflictos personales y sociales” ya que los problemas del matrimonio y de la familia “resumen los problemas de toda la cultura”, que el matrimonio “se está convirtiendo en un laberinto del que conviene levantar planos”, y si también tomamos en cuenta el peso que ha tenido la familia en la historia de México en su papel, tanto de transmitir los órdenes simbólicos que definen y materializan la cultura, así como para producir cultura y los cambios culturales, (Salles, 2000), de manera especial en la región centro-occidente donde se ubica la ciudad de León, Guanajuato (Pacheco Ladrón de Guevara, 2006), y sus alteraciones en los tiempos recientes (García y De Oliveira, 2006), podemos pensar en impactos y alteraciones profundas y desconcertantes en distintos órdenes, niveles y dimensiones en el país. Las breves muestras que esbozamos apuntan como centro del problema a los jóvenes, pero esto habla de “laberintos” sociales más amplios de los cuales “conviene levantar mapas”, puesto que no sólo impactan en algunos de los cimientos básicos de lo social y lo cultural, sino que igualmente son reflejos de lo que ahí acontece al estar inmersos en procesos de cambio y mutación. Las realidades, actancias y agrupamientos juveniles son un producto histórico y cultural, pero igualmente son productores de cambios culturales porque es una realidad relacional con otras realidades sociales (la familia, la educación, el trabajo, la sexualidad, la política, la religión) con impactos resonantes, es decir, las instituciones sociales no solo se ven afectadas, sino que han de mirar lo que proviene de los mundos juveniles y reaccionar a ello. Las alarmas se encienden debido a la manifestación de problemas que alcanzan niveles amplios y estructurales en la salud, la educación, la sexualidad, el orden social, la vida familiar y las costumbres religiosas. Los jóvenes son vistos como los portadores del desorden, la violencia, la ruptura, el desdén, que se manifiesta en estilos de vida, colectivos y agrupaciones, tendencias al ocio y la superficialidad que proviene de la cultura del entretenimiento, el consumo y los medios de comunicación. Escuelas, la iglesia y dependencias tanto municipales como estatales organizan campañas entre los jóvenes para fomentar la convivencia familiar, la prevención de adicciones, algunos riesgos de la sexualidad infantil y juvenil, establecen estrategias para que los hijos no vean tanta televisión y no se conviertan en adictos a los videojuegos y al Internet, mientras que uno de los rubros estratégicos que se ha considerado en la planeación de la ciudad es el del orden social, donde se incluye el vandalismo de las pandillas juveniles y se les vincula con el crimen organizado. Cuando se coloca la mirada en un síntoma y en un efecto, hemos de pensar con una mirada más atenta y profunda. Uno de los síntomas se refiere a la vida sentimental, afectiva, a la intimidad de los jóvenes que se ve estrellada, disuelta, no resuelta. Un efecto es la distancia con los valores tradicionales y la búsqueda de una autonomía más allá de todo lo que tiene que ver con lo institucional para acceder por la vía de las comunidades, colectivos y afiliaciones sociales que son igualmente afectivas, sentimentales, emocionales y desde las cuales constituyen su intimidad y su subjetividad (Urresti, 2008), dicho efecto torna los espacios donde habitan o se mueven como realidades juveniles. También se ha de colocar la mirada atenta a una realidad plagada de ambigüedades y contradicciones, ya que la situación es paradójica: por un lado, es la actualización de tendencias históricas que permanecen en la sociedad, pero por el otro, es igualmente el resultado de elementos inéditos que nunca o pocas veces se habían dado. A su vez, los jóvenes han sido considerados como los causantes de la violencia y el desorden (Brake, 2008) que diariamente se condena en la prensa a través de las notas sobre el pandillerismo, el crimen donde la sociedad entera es su víctima. Pero, al mismo tiempo, muchos de los jóvenes también son víctimas del orden social. Por ejemplo, a partir de los datos emanados de la Encuesta Nacional de la Juventud 2005, María Herlinda Suárez y José Antonio Pérez Islas (2008: 68) hablan de la condición de los jóvenes universitarios.es_MX
dc.description.abstractEn este contexto, se está sembrando en los universitarios un sentimiento que puede definirse utilizando tres palabras: incertidumbre, inseguridad y vulnerabilidad; que podría sintetizarse utilizando el concepto de precariedad, por ser éste un término que evoca inestabilidad e incluso carencia, asociadas a la escasez y prácticamente desaparición de puntos claros y seguros donde asir las confianzas, en uno mismo, en los otros y en la comunidad. Las encuestas que se han hecho sobre la juventud manifiestan la fuerte presencia de la familia en el mundo de los jóvenes, no sólo en lo que se refiere a la seguridad económica y social, sino asimismo, en los modelos morales para encarar su futuro teniendo en frente una situación más complicada, conflictiva y dura. En ese sentido, los hijos crecen al amparo de los distintos capitales (económicos, sociales y culturales) que provienen de la familia, pero igualmente, en muchos casos los jóvenes son “pioneros” en varios procesos no realizados en la familia (De Garay, 2008), como es el caso de concluir sus estudios de educación media superior o superior, así como los “difusores” de una cultura y forma de vida que proviene de la sociedad de la información, del entretenimiento y de los medios de comunicación, con lo cual los padres tienden a ser los analfabetas y dependen de los hijos, quienes son los portadores de los capitales tecnológicos y de los saberes comunicativos dentro de una sociedad que cada vez más, pasa a una plataforma de organización que proviene, se distribuye y circula por los dispositivos tecnológicos de información y de comunicación (Morduchowicz, 2004). Es pertinente considerar que lo anteriormente expresado no es reciente ni se circunscribe a la ciudad de León, sino que es una situación que ha venido ocurriendo de manera generalizada y a lo largo del siglo XX. Varios estudios de la juventud hacen referencia a la propuesta de Margaret Mead del paso de una cultura “postfigurativa” caracterizada porque se rige por patrones tradicionales del pasado, donde los adultos instruyen a los más jóvenes y los cambios son lentos en el tiempo, a otra cultura “prefigurativa” que se mueve más orientada hacia el futuro, donde los adultos aprenden de los miembros jóvenes del grupo, y los cambios son más rápidos y acelerados. En las condiciones actuales, el paso a una cultura prefigurativa conlleva una serie de contextos y situaciones de tensión y de conflictos. Por un lado, la juventud se define como una condición que busca superar una serie de dependencias en relación a las instituciones primarias, pero que simultáneamente suelen vivir en función de esas dependencias, como es el caso de la familia, la escuela y el trabajo. En esa situación hay una tendencia en los jóvenes de apropiarse de una serie de recursos, prácticas, espacios, ámbitos de socialización y de afectividad mediante las cuales conforman sus propias identidades a través de las interacciones comunicativas (Avelló y Muñoz, 2002), por lo cual la dimensión comunicativa de la cultura, y lo que proviene de la cultura mediática, es fundamental para la constitución de las culturas juveniles y su diversidad (Rodríguez, 2002). Nuestro interés ha sido explorar la manera como los jóvenes constituyen sus identidades y conforman su subjetividad, y a partir de ello construyen su realidad y se mueven por la realidad social. Consideramos que una perspectiva que nos puede dar muchos elementos para acceder a ello es a través de la relación de los jóvenes con las culturas mediadas, la manera como se vinculan y usan los medios de comunicación y las tecnologías de información y de comunicación. Hemos de reconocer que nuestros estudios, que si bien buscan generar sentido y conocimiento de lo que sucede en nuestros contextos de vida como sujetos sociales e históricos, igualmente nos interesa explorar algunas de las rutas de estudio y de investigación que se están realizando en ámbitos nacionales e internacionales, en particular en lo que se refiere a los consumos mediáticos juveniles, que corren por áreas de estudio paralelas como los de las culturas juveniles, los consumos culturales, los nuevos medios de comunicación, la educación y el consumo de cultura mediática. El trabajo lo hemos dividido en tres apartados. En el primero esbozamos el tránsito que nos condujo a preguntarnos por los jóvenes en la ciudad de León y que a su vez, nos llevó a proponer un programa para realizar distintos proyectos de investigación, el cual es el antecedente de la conformación en el 2009 del Programa de Estudios Socioculturales y de la Comunicación (PESyC) en la Universidad Iberoamericana León. Igualmente esbozamos algunos de los elementos desde los cuales comenzamos a estudiar a los jóvenes y a las culturas mediáticas. En el segundo apartado, abordamos en forma breve el desarrollo histórico de la ciudad y su vínculo con los jóvenes, e introducimos algunos elementos de la manera como los jóvenes viven en la ciudad. En el tercer apartado mostramos dos formas distintas del modo como los jóvenes se han vinculado con la cultura mediática, la primera a través de su propia biografía, la segunda, a partir de los entornos y contextos familiares. La exploración ha sido la antesala para afinar la mirada aún más, por lo que tenemos más preguntas que certezas, reconociendo que se debe realizan un nuevo esfuerzo por acceder a los mundos juveniles desde estas rutas porque ellos mismos son una realidad móvil, cambiante y con diversidades substanciales entre una generación y otra, generación que se puede medir en uno o dos años a lo más, como igualmente sucede con la cultura mediática. Para realizar los esfuerzos de investigación, a lo largo de los últimos años me he apoyado y he aprendido de todos mis alumnos a quienes les he impartido clases, principalmente a los de la licenciatura de Comunicación de la Universidad Iberoamericana León. Es difícil agradecer y dar el crédito a cada uno de ellos, por lo cual lo hago de manera general, a todos y a todas les estoy muy agradecido, gracias, muchas gracias, porque este trabajo es colectivo.es_MX
dc.description.sponsorshipLibro Electrónico. Promoción de la Cultura y la Educación Superior del Bajío, A.C., PROCESBAC. Instituto de Planeación del Estado de Guanajuato.es_MX
dc.language.isoeses_MX
dc.relation.ispartofseriesDifusión de la Investigación;
dc.subjectPluralismo culturales_MX
dc.subjectInteracción social en la adolescenciaes_MX
dc.subjectIdentidad colectiva - Aspectos socialeses_MX
dc.subjectJóvenes - Aspectos socialeses_MX
dc.subjectJóvenes - Condiciones socialeses_MX
dc.subjectJóvenes - Conducta de vidaes_MX
dc.subjectJóvenes - Vida social y costumbreses_MX
dc.subjectPadres e hijoses_MX
dc.subjectCultura popular - Méxicoes_MX
dc.titleJóvenes, mundos mediáticos y ambientes culturales : los tiempos del tiempo : la ciudad, biografías mediáticas y entornos familiareses_MX
dc.typeBookes_MX


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